Las imágenes de mi cabeza [06 mayo - 18 junio 2006]
En el instante donde la mirada se posa sobre el trazo, la tela y el color, se instaura la primera relación con la obra, lejos del carácter intelectual y de sus predisposiciones, allí, la interlocución con la pieza, más que con el artista, es inmediata, dejándose entrever en el rostro del espectador un chispazo de alegría.
Abstraído dentro de un mundo sin violencia, donde las líneas cabalgan libres sobre mares de colores, contaminándose de adrenalina, apareándose y transformándose en imagen y en acción, el receptor se hace museógrafo de la obra, descargando sus recuerdos en una atmósfera espacio-tiempo, donde una explosión de júbilo genera el Happy Art!
Alas, Sillas y Mesas
Todo comenzó con una gran bobina de cartulina doble faz, administrada con prudencia por mis padres, donde plasmaba a manera de tormenta emocional todo lo que ocurría en mi cabeza. Con mis marcadores al agua y un chorrerón de pinturas, construía mi mundo atiborrado de color; mundo que abarcaba las zonas aledañas a mi mesa y silla de trabajo, herencia de mi hermano mayor.
Esa convocatoria diaria del niño interior llena de recuerdos y de prácticas autodidactas, que aún persisten, me transportan a mi feliz infancia, aquel gran y sólido basamento plástico al cual acudo reiteradamente en busca de la felicidad, abstraído del mundo por completo.
Estos elementos, sillas y mesas, forman parte de mi particular fragmentación, e invocan con cada trazo aquellos momentos de total liberación, desarrollando infinitamente el hecho lúdico y de disfrute del momento creativo, como un niño… volando con mis propias alas.
Ventiladores y Tomacorrientes
Me tomó algunos años convencerme de la posibilidad de expandir el área de trabajo mas allá de la mesa y la sillita, de sacar a la luz pública mis pedacitos de arte, de aumentar la escala del momento creativo y de jugar por mas tiempo.
De esta manera, cual ventarrón hormonal, llegaron otros objetos a mi vida, otros trazos, pero siempre con la premisa del evento feliz. Estos objetos, marginados por la mirada del corriente, se convirtieron en la Prima Donna de mis obras, migraron desde el techo y las paredes a mis manos, y solitos buscaron lugar dentro del engranaje de ideas de mi cabeza.
Caballos
De la lejanía geográfica de mi familia, nació un compañero de trazos, que abarca desde hace unos años la casi totalidad de mi mente. Este personaje bonachón, ingenuo y de líneas curvas custodia el tempo de mis trazos, y cual dictador señala sus propias características, comportamientos y movimientos. A manera de diario ilustrado, en él reflejo mi propia personalidad, mis experiencias, mis relaciones y mis momentos.
Dentro del complejo sistema que representa, están inscritos todos mis recuerdos, toda mi infancia, toda la carga emocional que poseo, y que adquiero del constante feedback de los niños que me rodean, aquellos que como caballitos galopan dentro de su propio mundo, una realidad paralela no distante de la mía.
Sus imágenes son emisoras de mensajes infinitos, que en puntos clave se conectan con las realidades de los receptores y penetran dentro de su mundo interno, adueñándose de todo.